A menudo, cuando siento me siento confuso, mi cabeza no deja de dar vueltas, rodeada de ese silencio atronador que supone la quietud de la noche, o cuando viajo y me pierdo en el paisaje a través de una ventana, o cuando camino sin prisa hacia cualquier parte… me entran ganas de escribir. Pero no de algo concreto en lo que necesite lapiz y papel. Me lanzó a la ardua tarea impulsiva, tan característica mía, a la que llamo escribir en mi cabeza. “Cartas mentales”.
Sí, así es, escribo cartas mentales, a veces dirigidas a alguna persona, otras… simplemente a lo desconocido. Cartas que nunca tienen tinta, ni sobre, ni letras impresas…
Nunca se qué es lo que pasa por mi cabeza, y estoy seguro de que si tratara de coger un papel y escribir, no sería capaz de seguir la fluidez desmedida de mis pensamientos. Resulta desbordante la capacidad con que mi cabeza es capaz de liarse en pensamientos. Escribir estas cartas es como tener un monólogo retórico. Nadie te escucha, nadie lo lee, simplemente fluyen las palabras en mi interior.
Tiene la ventaja de que al día siguiente no sientes el arrepentimiento de haberte expresado más de la cuenta al escribir a alguien, y la desventaja de que no libera tanto como cuando se expresan las cosas en voz alta.
Y en mis momentos de hiperactividad mental soy capaz de escribir así durante bastante tiempo, algo que por suerte o desgracia sucede con demasiada frecuencia.
En fin… feliz año a todos.
Comentarios recientes