Cartas….

30 12 2006

A menudo, cuando siento me siento confuso, mi cabeza no deja de dar vueltas, rodeada de ese silencio atronador que supone la quietud de la noche, o cuando viajo y me pierdo en el paisaje a través de una ventana, o cuando camino sin prisa hacia cualquier parte… me entran ganas de escribir. Pero no de algo concreto en lo que necesite lapiz y papel. Me lanzó a la ardua tarea impulsiva, tan característica mía, a la que llamo escribir en mi cabeza. “Cartas mentales”.

Sí, así es, escribo cartas mentales, a veces dirigidas a alguna persona, otras… simplemente a lo desconocido. Cartas que nunca tienen tinta, ni sobre, ni letras impresas…

Nunca se qué es lo que pasa por mi cabeza, y estoy seguro de que si tratara de coger un papel y escribir, no sería capaz de seguir la fluidez desmedida de mis pensamientos. Resulta desbordante la capacidad con que mi cabeza es capaz de liarse en pensamientos. Escribir estas cartas es como tener un monólogo retórico. Nadie te escucha, nadie lo lee, simplemente fluyen las palabras en mi interior.

Tiene la ventaja de que al día siguiente no sientes el arrepentimiento de haberte expresado más de la cuenta al escribir a alguien, y la desventaja de que no libera tanto como cuando se expresan las cosas en voz alta.

Y en mis momentos de hiperactividad mental soy capaz de escribir así durante bastante tiempo, algo que por suerte o desgracia sucede con demasiada frecuencia.

En fin… feliz año a todos.





Vacaciones

21 12 2006

Bueno me tomo unos dias de vacaciones xD. Espero actualizar a partir del dia 26.

Que paseis buenas fiestas y que traigan muchas cosas los reyes, papa noel o lo que sea xD





la vida sin el amor …. es imposible

20 12 2006

Recuerdo una estrofa de un poema de algún autor que dice:

¿La vida sin amor?… un océano sin agua
¿La vida sin amor?… un cielo sin estrellas
¿La vida sin amor?… un poeta sin inspiración
¿La vida sin amor?… un discurso sin palabras
¿La vida sin amor?… imposible.

Creo que el amor es la base y fundamento de todo sentimiento. Puede hacer que el más estricto de los corazones, se sumerja en sus aguas. Es algo que he venido analizando desde hace tiempo, y me he dado cuenta que mientras más solo y triste te sientes, más necesitado de amor te encuentras.

Es tan hermoso sentir esa mano que te acaricia el rostro, ese abrazo que te estremece, ese beso que te enmudece, ese “te amo” que te libera. Es tan maravilloso sentirse amado que hasta los más simples detalles, significan todo un porvenir de bellos sentimientos.

A la misma vez es tan fuerte y difícil estar lejos de esa persona, no sentir su presencia, no poder mirarla a los ojos y decirle cuanto la amas.

A veces se cometen muchos errores, pero al final nos damos cuenta que esa persona es tan importante para nosotros, que la necesitamos para sobreponernos y para seguir adelante, es nuestra pieza en el rompe cabezas.

¿La vida sin amor?… imposible. Y no solo el amor de pareja, sino también el de la madre que te cuida, el del padre que te apoya, el del amigo que te aconseja. Hay muchas maneras de amar, solamente tenemos que abrirle las puertas de nuestros corazones.

Ahora pregunto, ¿La vida sin amor?… ¿imposible?





Inercia

19 12 2006

Muchas de las cosas que hago, sobre todo a lo largo de la mañana, me doy cuenta de que responden a la inercia.

Cuando me levanto, durante un buen rato, las cosas las hago por costumbre, por instinto, por la rutina que se ha acoplado paulatinamente a mi día a día.

Salgo de casa sabiendo cuál es mi destino, pero sin pensar siquiera en ello. No trazo el camino en mi mente. Mis pasos parecen responder a unas órdenes que no soy consciente de haber dado. Mi cabeza va pensando en mil cosas, nunca está quieta. Divaga… y yo sigo andando…

Subo al autobús, y mi cabeza sigue siendo un hervidero de pensamientos, y voy saltando de unos a otros sin controlarlos, me dejo llevar por ellos como me dejo llevar por mis pasos…

Sorprendentemente no me paso nunca de parada, y eso que la mayoría de las veces no recuerdo haber llegado hasta allí. Y cuando bajo y sigo caminando, mi mente sigue desconectada de mis pies, pero ellos siguen andando.

Me paro frente la uni preguntándome cómo es posible que lo último que realmente recuerde conscientemente es que sonaba el maldito despertador…





Precipitarse

18 12 2006

La precipitación es la madre del error.

Y es que en ocasiones la cabeza piensa a más velocidad de lo que la razón puede analizar. O quizá se juntan muchos pensamientos confundidos con otros del pasado, y la respuesta inmediata es tratar de hacer las cosas mejor, de anticiparse, para no caer en nuevos errores.

Pero no nos damos cuenta de que en ocasiones, el presente nada tiene que ver con el pasado, y que nuestra respuesta resulta tan autómatica que no nos damos cuenta del matiz que implica la nueva situación.

A veces cuesta dejar de estar condicionados por lo que hemos vivido tantas otras veces, y nos precipitamos en nuestras respuestas.

Y es que la vida es un aprendizaje continuo, siempre hacia delante…





Sensaciones

14 12 2006

Podría decir que los abrazos resultan sin duda, para mi, una de las cosas más reconfortantes que conozco. Que los necesito tanto como respirar, y que me encanta que lleguen en forma de ternura.

Podría decir que las miradas cómplices en la distancia son sin duda también, una de las cosas que más sonrisas dulces me provocan, sobre todo las que son cercanas, las que lo dicen todo con los ojos sin pronunciar palabra.

Pero con lo que me quedo hoy es con la confianza. Porque la sensación que te produce sentir que alguien confia en tí, que te hace partícipe de un mundo en el que a casi nadie deja entrar, es como una inundación de calor que te deja el cuerpo completamente lleno por un instante, abriéndote las puertas para poder hacer lo mismo y compartirte también. Te une sin miedo al otro, y me encanta esa seguridad.

Con lo difícil que es realmente confiar, cuando alguien te da esa oportundiad, para mí es un verdadero regalo, un auténtico tesoro…





Sobre el silencio

12 12 2006

Reconozco que es un sonido que me es especialmente cercano. Paso la mayor parte de mi tiempo evadiéndolo. Llevo tantos años acostumbrado a su sonido que no siempre me apetece tenerlo cerca. Y más desde que tuve que aprender a vivir “solo”, porque no es sino un aprendizaje para sobrevivir con uno mismo sin morir en el intento. Y aquí estoy, evadiendo silencios pero entero.

Hay veces que lo necesito, lo pido a gritos, no puedo soportar el estrés sonoro y necesito relajarme, silencio, tranquilidad absoluta. En cambio hay momentos en que me apetece precisamente todo lo contrario, oír gente, oír risas, oír lo que sea pero no quedarme a solas con mis emociones.

Hay veces que me gusta jugar en él y con él. Otras veces lo esquivo por aburrido. Hay momentos en que me ayuda a concentrarme y aclarar mis ideas, otras en cambio me marea y confunde de tal manera que no puedo discernir un pensamiento de otro.

Hay veces que se hace el silencio, o provocamos silencios, o rompemos silencios. A veces callo porque no tengo nada que decir, pero otras veces en cambio simplemente me muerdo las ganas por temor a no decir lo correcto, por ese temor visceral a equivocarme sin remedio. A veces hablamos porque no soportamos esos atronadores silencios incómodos. O enmudecemos porque pensamos que nada de lo que tenemos que decir puede importarle a nadie, aun cuando nos equivocamos pensando algo así.

Cuando tenía 14 años mi monitor de campamento me escribió en mi libreta de dedicatorias “A menudo el silencio es el grito más estremecedor. Espero que algún día nos digas lo que sientes”

Muchos años después trato de hacerme hueco entre las sombras…





¿Cúal es tu meta?

11 12 2006

Hace un par de días volví a “encontrarme” con un viejo amigo, uno de esos que siempre se llevan en el corazón y tienen en él un hueco propio de por vida, no importa el tiempo que pase… Me dijo que se habia pasado a leerme por aquí, y me preguntó cuál era mi meta al escribir este blog.

¿Mi meta? Nunca me había planteado que tuviera ninguna. Me soprendió pero me hizo pensar, él siempre sabe cómo. Y entonces sin darle demasiadas vueltas le dije “Creo que comunicarme más y conseguir escribir cada dia. Hablar conmigo no solo en mi cabeza, sino siendo capaz de expresarlo por escrito como solia hacerlo antes sobre el papel.”

Al principio solo escribía para mi, muchas veces en mi mente o en folios dispersos. Compré libretas, y pronto mis cuadernos se fueron convirtiendo en una especie compleja y atípica de diario ambulante.

Hace tiempo que dejé mis libretas un poco apartadas, me sentía incapaz de enfretarme ellas, la tinta de la pluma que tantos años me ha acompañado parecía seca por completo, lo mismo que mi capacidad de dejar salir mis palabras. Supongo que tenía miedo, y demasiadas voces en mi cabeza gritando al mismo tiempo…

No sé muy bien cómo fui a parar a este blog, ni tampoco creo haberme planteado nunca con qué finalidad lo escribía… pero ahora sé que me siento mejor, que me ayuda tener un lugar donde expresarme y dejarme ver, algo que normalmente me cuesta a horrores.

Y me reconforta esta sensación mágica de estar acompañado tras el silencio…





Post recuperado de antiguo blog – Melancolia

10 12 2006

Bueno este es un post que acabo de recuperar de un antiguo blog que tenia… la razon de porque lo pongo es por petición de un amigo, mi gran amigo, que esta pasando un momento un poco… melancolico y me ha pedido que recuperara este post. Asi que nada… aqui esta este post para mi gran amigo ;)
No sé como evitar que a veces me inunde un terrible sentimiento de extraña tristeza, como si mi cuerpo se llenara de lágrimas de melancolía, que no sé de donde brotan ni por qué lo hacen.

Y me siento confuso, me siento estúpidamente perdido en mis propios sentimientos. Sentimientos que no siempre comprendo ni soy capaz de analizar de forma racional, y eso me hace sentirme todavía más perdido, más extraño.

Me siento solo, miro a mi alrededor y el silencio es tan intenso que me duele su sonido, ese sonido abrumador y seco que me retumba en lo más hondo de mi pecho. Y su eco es tan ensordecedor, es tan inhumano, tan vacío…

Y el vacío de mi cuerpo es todavía mayor, como si de repente tuviera un hueco en el alma por donde se me escaparan los pensamientos, un agujero que fuera absorbiendo mi capacidad de sentirme vivo, de experimentar emociones. Y mis ojos se apagan, pierden la luz y la perspectiva del mundo real.

Y todo se queda prendido de una quietud que paraliza el tiempo, que me deja pendiente de un hilo, de un instante que nunca avanza. Y no puedo saber por qué, no puedo entender razones.

Solo siento que me devora esa sensación de profundo desaliento, de extraña tristeza. Solo siento que las lágrimas vuelven a correr por dentro de mi cuerpo y que no puedo escapar de ellas.

La melancolía de las ausencias ha vuelto a inundar mi alma…





Lo que somos capaces de ver

7 12 2006

A menudo las cosas no salen como las pensábamos, o como las teníamos planeadas… Claro que de eso solo nos damos cuenta cuando es para mal. Cuando tenemos ganas de hacer algo, cuando hemos planeado fiestas, cenas, citas, viajes… y las cosas al final se estropean, nos quejamos de nuestra mala suerte e incluso en algunas ocasiones nos ofuscamos en intentar encontrar el porqué, lamentándonos de nuestra desgracia.

Pero si la suerte nos juega de cara, si de repente nos visitan, nos llaman, nos dan un trabajo mejor, nos sorprenden… simplemente nos alegramos Y no pensamos tanto en la suerte que tenemos.

Hay momentos en que la sola idea de que alguien especial no acuda en un día en concreto, nos hace ser incapaces de disfrutar del resto de personas que sí están ahí, que si que están contigo en ese momento. A veces las cosas más sencillas pueden cambiar nuestra perspectiva de las cosas, y ese poder está simplemente en nosotros, en nuestra mirada hacia las cosas que nos rodean.

Me doy cuenta de que hay momentos en que desearíamos muchas cosas que no se cumplen, pero eso no resta valor a lo que si tenemos. Es como si nuestros ojos se cegaran momentáneamente por la tristeza del momentos y fuéramos incapaces de mirar más allá y ver a quienes nos sonríen desde el otro lado.

Hace solo unos años atrás, tenía la extraña creencia de que si desapareciera no importaría, que un día podía tragárseme la tierra y tardarían muchísimo en darse cuenta de que ya no estaba. Pero lo peor de todo es que pensaba que no dejaría rastro, que sería como haber estado sin haber estado, que no había hecho nada que pudiera hacer que alguien simplemente me recordara…. Creer eso me entristecía terriblemente, porque me sentía todavía más insípido e insignificante de lo que ya me sentía antes.

Me doy cuenta de que era muy egoísta pensar eso, menospreciaba a la gente que tenía a mi alrededor, le restaba importancia al hecho de que si bien no me sentía feliz, ellos estaban ahí, a mi lado, a su manera y queriéndome y apoyándome como sabían, pero ahí.

Hay momentos en que no sabemos apreciar lo que tenemos, y sería muy triste aprenderlo cuando lo hubiéramos perdido.

Y es que a veces me siento solo o perdido, o triste, o desesperanzado…. y en esos momentos no veo con claridad que tras mis temores y tristezas, tras mis desvelos y mis ratos de angustia, hay voces, ojos, manos que estarían dispuestas a sujetarme si en algún momento me faltara el valor o las ganas de seguir luchando. Porque siempre están ahí.

Gracias por el privilegio de ver el otro lado.