La evolución de las Navidades

2 01 2007

Creo que todos los niños adoran la Navidad por razones obvias: las vacaciones, los regalos, la ilusión de los Reyes, el pasar tiempo con tu familia… pero llega un momento en el que uno crece y desgraciadamente pierde esa ilusión infantil. Ojalá no la perdiésemos, pero la vida es implacable con esas cosas, la ilusión se pierde y lo único que podemos hacer es esforzarnos por recuperarla o al menos por no perderla de vista hasta el final de los tiempos. Pero en fin, no divaguemos más de lo habitual. Con el tiempo, uno pasa por esa crisis en la que ya no le gusta la Navidad, le agobian los mogollones, el no tener ideas para los regalos de Reyes, ni tampoco tiempo, ni dinero, el andar corriendo de aquí para allá, los viajes, las ausencias, echar de menos a gente que no está, y sobre todo esa maldita manía de que todos tengamos que ser felices porque sí en estas fechas. Y ésa ha sido mi evolución, como la de muchos, pasando de adorar la Navidad a casi casi odiarla.

Ya que esta opinión puede ser lo amplia que la imaginación nos dé, pero deseo recordar mis navidades más especiales, cuando era pequeño y recorría el piso de la casa de mi abula, buscando paquetitos con mis primos en cada rincón. La verdad es que yo nunca he podido quejarme porque en mi casa los Reyes eran totalmente espléndidos con toda la familia, y especialmente con los niños. A eso había que sumarle los regalos de familiares, padrinos y demás, con lo que sumado a que nos solíamos juntar todos los primos y que lo que nos sobraba era ilusión, nos pasábamos unas fiestas realmente estupendas, en las que los problemas no existían. He de reconocer, que como dije, aunque yo he sido un auténtico privilegiado, en nuestra época con cualquier cosa éramos felices. Yo recuerdo que mi madre nos dejaba los regalos por todas las esquinas y la ilusión no era lo grandes que eran los paquetes sino andar a la caza y captura del regalo. Muchas veces una simple libreta o un paquete de pinturas de colores nos hacían infinitamente felices. Qué decir ya si además nos traían los playmobil de turno que habíamos pedido o el monopoly con el que llevábamos tantos meses soñando. Pero desde luego, ni teníamos tantas cosas como los niños de ahora, ni tampoco las necesitábamos, y además éramos infinitamente más felices. Ahora las cartas de los reyes son interminables y los niños reciben decenas de carísimos regalos, a los que sólo les hacen caso durante unos días y luego se olvidan de su existencia, porque tienen tantas cosas que ni siquiera saben lo que tienen. Pero sobre todo se olvidan de la ilusión y eso creo que no tiene perdón posible.

A mí me encantaba la Navidad desde que casi un mes antes poníamos el portal de Belen. Después de mudanzas y demás, ya no sé ni qué habrá sido de él, quién lo habrá heredado o en qué vertedero habrá acabado el pobrecito. la verdad es que lo poníamos con toda la ilusión del mundo, aunque con la perspectiva del tiempo transcurrido, era un portal de lo más extraño, con arena, lentejas, espumillón y demás figuras recolectadas a lo largo de los años que no tenían mucho orden ni concierto, pero aquel portal luminoso era la ilusión de nuestra navidad.

El rsto de las navidades las pasábamos tranquilamente, con vacaciones, durmiendo, comiendo y jugando, a eso se reducía nuestro maravilloso mundo. A eso había que sumarle alguna excursión y la magia de ver a los Reyes en algun centro comercial. Qué decir ya de la cabalgata de los Reyes, aquello era una auténtica fiesta, y ya si tu rey favorito te miraba de pasada entre la multitud, o eso creías tú y lograbas cogerle un par de caramelos al vuelo, ya ni te cuento, aquéllo era lo más. Ni qué decir de la noche de reyes, los nervios que pasábamos. Yo hacía el firme esfuerzo cada año de no quedarme dormido, con la esperanza de poder divisar las barbas blancas de mi Melchor del alma en la oscuridad de la habitación. Obviamente, nunca lo vi, porque además, dudo mucho que mis propósitos lograran que me mantuviese despierto hasta las doce de la noche, seguro que antes ya estaba yo roncando, eso sí, tras haberles dejado a los Reyes con sumo cuidado su bandeja de turrones y polvorones y su champán, y también el agua para los camellos, que los pobrecitos también tenían derecho. Y todos los años se lo comían absolutamente todo, en mi casa y engo entendido que en el resto de las casas del mundo, menuda panzada que debían de meterse entre pecho y espalda. Pero claro, hay que tener en cuenta que los pobrecillos venían desde muy muy muy lejos.

Cuando descubres que los Reyes no existen ya las Navidades no siguen siendo las mismas, pero aún así sigues teniendo vacaciones, pasándotelo pipa y manteniendo de alguna manera esa ilusión. Pero pasan los años y vienen las tragedias familiares, las pérdidas, la terribles ausencias, las separaciones, las tristezas que se recuerdan más en las cenas navideñas. Y eso poco a poco va haciendo mella mientras va transcurriendo la adolescencia. Si a eso le sumas que ni eres ya un niño ni tienes al lado ninguno en el que apoyarte con su fe y su ilusión, pues las navidades terminan siendo grises, apáticas, frías y tristes….

Pero van pasando los años, estás en la Universidad, aprendes a ver la Navidad con otros ojos, o al menos a sacar lo mejor de los buenos momentos que pasan en tu vida, y en navidad suele haber algunos. Ya no entiendes las fiestas como algo únicamente familiar, sino que empiezan las comidas de amigos, las fiestas de otra manera…..

Que os traigan muchas cosas los Reyes ;)


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4 respuestas

3 01 2007
Closto

Pues para mi están siendo unas navidades desastrosas. Lo de la familia ya no es lo mismo y se juntan, como tú dices, demasiados recuerdos malos. A mí se me suamn también todos esos pequeños secretos, confesiones y deseos no sacados a la luz. En fin, a mí hace años que los reyes no me traen nada en casa, cosa que me apena porque de pequeño me hacía mucha ilusión levantarme y coger los regalos.

A mí me gustaba Baltasar y les poníamos galletas y cava. ¿Por qué a nadie la gusta Gaspar?

5 01 2007
yuhaspace

Bueno Clostito como sabes mis navidades han sido tambien un poco desastrosas pero bueno… año nuevo… cosas nuevas. A ver si este año es mejor ;) .

Nos vemosssss

6 12 2011
Maria

eres estúpido(a) al pensar asi, me dan verdadero asco tus ideas debes ser una persona horrible y me aburrió leer tu cagada.

6 12 2011
Maria

Vete a la mierda

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