Próxima parada… tu corazón.

26 10 2008

Otoño. La estación de tren estaba vacía, sólo yo llenaba de susurros el andén aún mojado por la débil lluvia recién caída. Todo parecía tener un color oro viejo, como las antiguas fotos color sepia. El olor lejano de las chimeneas dejaba un eterno aroma a madera.

Escuché unos cánticos etéreos casi imperceptibles cuando, por megafonía, una voz mágica de mujer dijo: “próxima parada, tu corazón”.

De entre las vías del tren surgió un apuesto ángel alado, desnudo, de sonrisa arcaica que poco a poco se acercó posando sus frios labios sobre los mios.

“Estas vías no terminan jamás” – susurró con una voz agradable – “Debes coger el tren que te hará más fuerte porque en el camino de la vida encontrarás gente que no te entenderá, personas que te pidan una sonrisa cuando estés destrozado por dentro, individuos que irán en tu contra por el simple hecho de ser tú y no otro. Así mismo, la vida te llenará de injusticias, verás a tu enemigo blandir la bandera de la victoria y llorarás la muerte de los tuyos sin consuelo alguno. En ocasiones desesperadas la gente te mirará con lupa y emitirán un veredicto sin base alguna, serás juzgado sin juicio y sin falta aparente. Todo ello no te matará, sino que te hará más fuerte.”

Mis lágrimas cayeron como hielo por mis mejillas. Mis labios temblaban de tristeza y miedo.Con la mirada fija en el ángel pregunté:

¿De que me sirve tanto dolor si las cartas ya están echadas?

El ángel respondió: ” Al final del todo, la vida sólo es una estación de las muchas que llevan a término. Sólo el amor, en el último segundo de tu existencia, decidirá si todo el cariño y la fuerza acumulada en esta vida, te servirá para pasar a otra mejor o si perderás el próximo tren a la Felicidad. De nada valdrá ser fuerte en el último momento. Todo cuenta al final”

“Pero, si yo no opté por coger este tren…” – musité destrozado.

“Pero la persona a la que amas sí que lo quiere. ¿serás capaz de abandonarla?”

Y el ángel se convirtió en lluvia.





2º Aniversario

21 10 2008

Pues… resulta que si, que este blog ya tiene 2 años (y me acabo de enterar ahora mismo). Que cosas tiene la vida….. son con este 119 post los que se han publicado en 2 años, si lo se no son muchos pero para un cazurro ingeniero para el que la lengua es todo un misterio inexplicable es algo sorprendente.

Se que este blog lo visita poca gente, pero me da igual, no nacio para fuera el gran blog, nacio para tener algun sitio donde poner algunas de las cosas que de vez en cuando me da por escribir, pero no obstante quiero dar las gracias a unas personitas que de vez en cuando se confunden y recalan por aqui ;)

Por un lado mi zorra favorita, Clostito, a esta zorra le debo mucho pero no se lo voy a reconocer porque sino cualquiera aguanta su egocentrismo cronico.

Mi maravillosa Ukey :D WAPAAAAA!!!!!, que voy a decir de mi bollito favorito ;) sigue asi, me encanta verte tan feliz :D .

Alex ;) no tengo el gusto de conocerte (o eso creo) :D pero se que siempre has andado por el blog y quiero darte las gracias por ello ;) .

A todos los demas que no nombro porque la demencia senil hace de las suyas, gracias tambien, tanto a los que conozco, como los que no, gracias por venir de visita :D .

Besos y Abrazos a todos (cada uno que pille lo que quiera)

Yuhita :D





La caida de una hoja

21 10 2008

Quienes me conocen saben lo que a veces necesito estar de vez en cuando solo y…desconectarme un poco de todo lo que me rodea.Apagar el móvil es lo primero que hago y echar a andar.Anoche lo volví a hacer por…¿millonésima vez? no se, ni recuerdo con exactitud, pero volvió a ser inexplicable.

Terminé de ver Cuarto Milenio acompañado de dos personas a las cuales quiero a rabiar y les comenté que me apetecía pasear.

Busqué un lugar en el que hubiera NATURALEZA ABUNDANTE (algo dificil de conseguir por aqui) y me senté a escuchar los sonidos que la noche me brindaba.Me tumbé en un banco y respiré hondo.Valoré nuevamente lo que me está dando la vida,los amigos que mantengo y los que se alejaron sin saber porqué,los amores que me han dejado y los que he dejado yo, sus…”frases hechas”…

De repente una hoja cayó sobre mi, húmeda aún por la lluvia, el olor de la tierra fresca, y esa brisa nocturna, fue la chispa que abrió un poco mi mente y me hizo reflexionar.

Al igual que los arboles mudan sus hojas, para dejar crecer las nuevas, hay que esperar un poco para ver su color…lo mismo ocurre conmigo, hay que sufrir la caída para ver el renacer.

Tras esto yo sigo siendo igual y como dije en anteriores bitácoras NO VOY A CAMBIAR porque así me siento bien y así me quieren.





Detalles…

13 10 2008

Como casi todos sabeis, tengo amor por los detalles. Y cierta capacidad innata para fijarme en ellos, en detalles que a veces escapan a otros.

El sábado por la tarde, iba en el metro. Línea 10, la uso mucho. Estaba, como siempre, en el anden esperando, observando. Y tuve ese momento que algunas veces el cine recrea, en el que me abstraí del tiempo en el que vivía y solo veía, sentía, una escena a unos 3 metros de mí.

Una niña, de rasgos podriamos definir como indianos, con dos preciosas coletas negras a cada lado de la cabeza, alargaba su pequeña mano hacia un bote de patatas fritas que una mujer regordeta, desconocida, le alargaba. Tres sonrisas: la mujer desconocida, la niña y la madre. Rectifico, cuatro. La mía.Y una lágrima, esta vez solo mía.

Una lágrima y una sonrisa que son mezcla de satisfacción y alegría. Satisfacción por ver y corroborar esa extraña fé que tengo en la gente, en que hay mucha gente buena en la que puedes confiar, de forma casi ciega (la fé siempre tiene algo de ciego..). Y alegría por ver sonreir! En las ciudades, donde se corre el riesgo de estar solo en la multitud, ver sonreir a la gente, nos humaniza, nos hace no perder esa capacidad de que unos rostros desconocidos, se junten brevemente y solo halla sencillez y naturalidad.

“No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias.”

Mahatma Gandhi





Indiferencia

3 10 2008

Por una de esas casualidades, un viejo amigo de los viejos días vive desde hace tiempo en un piso cercano al mío, lo que provoca que nos encontremos con relativa frecuencia cuando entro o salgo de casa. Nuestra amistad hace mucho que pasó a la historia, y bien pasada está

En esos brevísimos encuentros siempre surge la frase a ver cuando quedamos”, respondida por mi parte con un claro, ya nos veremos”, aún siendo los dos conscientes de que esa cita nunca va a ocurrir.

Nuestro último encuentro casual se produjo hace un par de días, y, rizando el rizo, mi ex  amigo me explicó sin venir a cuento que había tenido ciertos problemas con la agenda de su móvil, y me pidió que le enviase un mensaje para recuperar mi número, si es que yo aún conservaba el suyo.

Como le conozco bastante bien, sé que estaba mintiendo: si no tiene mi número es porque lo ha borrado. Pero pude contestar sinceramente que aún tengo el suyo… por más que las razones no sean otras que el olvido y la apatía: me da igual que su número esté en mi agenda o no.

Supongo que estas pequeñas hipocresías compartidas no son más que un lubricante de las relaciones sociales: en este caso concreto, la amistad que hubo en el pasado provoca que nos saludemos e incluso nos detengamos a intercambiar unas palabras; y, de algún modo, nos vemos forzados a mostrar un interés que ya no sentimos.

Mas en lugar de callarnos brotan de nuestros labios las consabidas frases, con la certeza de que la respuesta no va a ser: “perdona, pero no voy a quedar contigo NUNCA“: esa verdad inexpresada y por ambos conocida.

Y paradójicamente, lo que me entristece de esta vieja amistad derivada en unos huecos intercambios de frases hechas es… ¡que no me entristece en absoluto!