Cada persona es un mundo. Con su infinidad de rasgos y atributos, y sobre todo, de posibilidades. Por eso cada relación deja abierta la puerta a la sorpresa, a lo inesperado. Al descubrimiento, al sonrojo, a la rendición. (Y uno se puede rendir ante muchas cosas.)
En realidad, acabas encontrando una serie de lugares comunes en todas las relaciones que te van acompañando, sin lograr discernir del todo si los encuentras porque habitan en ti, o si los compartes con todas las personas que viven con una mano anclada en el alma de los demás -en vez de en sus bolsillos-.
La búsqueda de la felicidad es un buen objetivo personal. Uno nunca está seguro de si ésta se nutre principalmente de una relación de pareja -puede que sólo la intensifique-, o si son todos esos pequeños cúmulos de victorias y logros, que amalgamados, nos ayudan a mantener una visión endulzada de nuestra existencia. Puede que lo primero quede englobado en lo segundo.
Hay tantos condicionales -y condicionantes- que rigen nuestros actos… Y no puedo evitar sentir que tanta divagación me sabe a pérdida de tiempo. Que los minutos realmente aprovechados, son los que no se pasan en la cabeza, sino en el cuerpo. Del otro. O en su alma.
O en ese lugar en el que curiosamente, todos pensamos.
“Hay tantos condicionales -y condicionantes- que rigen nuestros actos…”, algunos lo llaman determinismo, y es una putada, pero hay que aprender a tirar palante con eso.
Un saludo!
Está en la piel, todo, todo, todo está ahí…
A veces grabado a fuego lento.
No sabía que conocieras la existencia de la palabra “amalgamar”.
Cada día me sorprendes más.
Yuhaaaaaaaaa!!! aix.. fuí dando saltos por aqui y.. tachán!! jajaja
Como va todo??